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OYE, DIOS

Últimamente pienso mucho en la muerte, no la muerte terrenal, sino el camino a recorrer después del desenlace. Creo que debemos solucionar el asunto antes del desenlace, porque cuando nos morimos bastante tiene la familia con cargar con el muerto. ¿No les parece?

Voy a hablar con Dios para que me informe y no me pille desprevenida. Estoy dispuesta a morirme otro  día que no está previsto en el calendario, si me garantiza que va a estar ahí para llevarme al Cielo.

—¿Oye Dios, me puedes garantizar que voy a ir al Cielo?

—Eso dependerá de tus hazañas en la Tierra –me contestó.

Pues así no vamos —pensé.

—¿Y no podrías echarme un cable y avisarme con antelación? Por mí y por ti para que nadie te distraiga ese día y me acompañes al Cielo. —Tú puedes hacerlo Jefe, solo tienes que mandarme un mensaje.

—¿Cómo lo prefieres, vía mail o burofax? –respondió el Jefe.

—¡Debe tener el día gracioso!, –murmuré. ¿Entonces qué me aconsejas que haga, Jefe?

—Solo tienes que vivir haciendo el bien. Vive y olvídate del día. Yo intentaré estar a tu lado.

—¿Lo intentarás? Lo siento Dios, eso no me vale que, ¡lo intentarás!…, me produce mucho estrés que no me lo puedas confirmar. ¿Cómo voy a vivir sin saberlo?

—Tranquila, no te puedo dar datos de tu llegada y de cómo será, lo único que te puedo garantizar es que estaré cerca. ¿Te vale así?

—Pues no, no me puedes garantizar que estarás a mi lado y que me guiarás en el camino y no sé qué pensar.

—No, no te lo puedo garantizar, tendrás que arriesgarte, lo siento.

—¿Y te parece bien dejarme en ascuas, Jefe?

El Jefe soltó una carcajada universal.

—Es fantástico oír reír a Dios, —pensé.

—Qué bonito, tú riéndote y yo con ansiedad.

De nuevo se oyeron las carcajadas de Dios retumbar en el Cielo, y hasta los pájaros perdieron sus plumas.

—¿Sabes qué he pensado Dios?

—Te escucho.

—Llevo una temporada pensando mucho en la muerte y no sé por qué, por eso me he tomado la libertad de molestarte.

—Nunca me molestas, soy tu Padre.

—Eso me hace falta a mí un Padre que ya sabes que el mío terrenal se fue hace muchos años. Bueno no se fue, te lo llevaste de la noche a la mañana y sin pedirme permiso. Sí, ya sé que tú no pides permiso, simplemente lo haces y tus motivos tendrás, pero… ya te vale.

—Puedes estar tranquila, tu padre terrenal está conmigo.

—Lo sabía, no sé si te has dado cuenta que no te lo he preguntado.

—Sí me he dado cuenta, pero quería que lo oyeras y tuvieras la confirmación de que así es. Sé que te ha gustado oírlo.

—Gracias Jefe.

—Bueno continuando con mi tema, antes quería que cuando me muera mis cenizas formaran parte del fondo del mar, pero he cambiado de opinión y ahora quiero que vuelen con el viento para poder acariciar de vez en cuando a mis seres queridos, pero claro como no sé cuándo me voy a morir igual cambio de nuevo de parecer y prefiero que descansen mis restos en otro planeta, así que a mis hijos los voy a volver locos. ¡Niños! Que, al mar, ¡niños! Que a la montaña. ¡Niños! Que al espacio. ¿tú qué opinas, Jefe?

—Yo no opino, eres tú quien debe decidir sobre tu cuerpo, yo me limito al infinito del Alma, que lo es Todo.

—Bueno, seguiré pensando creo que tengo algún tiempo todavía, bueno, espero.

Silencio absoluto.

—Aprovechando este momento quiero hablar contigo de otro tema que me produce mucha inquietud, ¿me puedes confirmar que existe vida en otros planetas?

—Sí, existen, y también me ocupo de ellos, acuérdate que soy Dios y controlo el Universo…, bueno lo intento.

—Pues perdóname Dios, pero no parece que nos cuides mucho ni que todo lo que pase sea obra tuya. No sé para qué te pregunto, no me aclaras nada, no me das tu opinión. Solo escuchas.

—Escuchar es mi pasión.

—He pensado que, ya que eres Dios y podemos charlar como buenos amigos y, creo que pocos humanos pueden hablar contigo como lo hago yo, y dada nuestra amistad y cercanía, bien podrías adelantarme algo del más allá.

—Tú ocúpate del más acá, y déjame a mí hacer mi trabajo.

—Pero si eres Dios no tienes trabajo, solo tienes que mover un dedo y se hace lo que tú quieras. Eso no es un trabajo, además, ¿tú cobras?

—No necesito que nadie me pague de la manera que tú conoces, para mí no existe el dinero, solo el Amor. Recibo Amor y con eso basta.

—Dios, a veces parece que me tomas el pelo, porque por aquí la gente mucho no se quiere. Deberías ordenar que desaparezca la avaricia y la envidia, además de otras bondades, creo que nos iría mejor. Claro, ahora me vas a decir que esos pecados no son obra tuya, sino de Satanás.

—Así es, mi trabajo consiste en luchar contra el mal y en ello estoy, porque el mal también existe. Si solo existiera yo, nada malo os pasaría.

—Pues no sé a qué esperas para acabar con el diablo.

—No es fácil, ya sabes que el diablo antes era un ángel. Intento convencerle que vaya por el buen camino pero hasta ahora no lo he conseguido.

—Eso sí que es un trabajo duro Jefe. He pensado que ¿por qué no te das de alta en Facebook?, así recibirías muchos likes y conseguirías muchos más simpatizantes que te darían más fuerza en la lucha. Tienes que rendirte a las nuevas tecnologías. Si quieres, yo misma te puedo ayudar a darte de alta.

—Gracias por pensar en mí y por intentar ayudarme. No te preocupes, te olvidas de que soy Dios y puedo hacerlo yo, pero es una muy buena idea, lo pensaré.

—Bueno Jefe, me voy a trabajar que yo sí que me debo a un horario, ya sabes, otro día nos conectamos y charlamos que tengo muchas cosas en qué pensar.

—Te estaré esperando.