Queridos amigos:
Tengo buenas y malas noticias. Empezaré por las malas para acabar contenta hablando de las buenas:
Mi caracol Matilda, ha muerto, sí, ahogada en el agua de sus lechugas, ha comido tanto que el agua que destilaba la lechuga ha acabado por ahogarla, debe haberse caído desde su techo de metal o sus paredes de cristal, ¿se habrá tropezado con su caparazón? Una duda que nunca podré aclarar.
He decidido ya no cuidar a más caracoles, unos huyen, otros mueren queriendo huir… y no soy ninguna carcelera.
Mi peso: he querido volver a pesarme pero no encuentro la pila redonda porque si fuera de las normales ya la hubiera puesto. No sé donde la he guardado, me pasa a menudo, que cuando escondo algo para que nadie lo encuentre, termino siendo yo quien no la puede encontrar. Así soy yo, y mejor, porque me siento más ligera, no la busco más, por si la encuentro y me hundo en la miseria más mísera. Quizá lo de la ligereza esa, esté solo en mi cabeza porque la ropa sigue ajustada a mi cuerpo sin apenas dejarme respirar.
Ahora la buena. Sí porque solo es una… y contenta y agradecida siempre:
Echando la vista atrás, y desde mi pose de joven jubilada, me hubiera gustado ser:
-Cardiólogo para curar corazones.
-Juez, para impartir justicia.
-Fiscal para proteger a los niños.
-Maestra para enseñar a los más pequeños y aprender de ellos.
-Abogado, para defender a los pobres.
Y ahora que el científico japonés Yamanaka, ha descubierto la forma de rejuvenecer cualquier célula, llegará el momento, no muy lejano en el que podremos vivir 250 años. Me pregunto que desde la experiencia podré elegir mi próximo futuro. Y con tantos años por delante, podré curar corazones, impartir justicia, proteger a los niños, enseñarles y aprender de ellos, creo que ya no existirá la pobreza y mientras tanto, disfrutaré de los míos que se multiplicarán exponencialmente en número.
Estoy muy extrañada porque el tejano no ha vuelto a aparecer. ¿Lo echo de menos? No, no lo creo.
Para junio, el próximo mes, nos vamos a la isla de Tabarca a pasar un fin de semana, parte de la familia y amigos y estoy temblando ante la posibilidad de encontrar allí otro cadáver. Como el del antiguo cura de la única iglesia. El pobre se marchaba jubilado a casa de una sobrina en Santa Pola y ya había tomado posesión el nuevo, cuando apareció muerto en un túnel que circula por debajo de la iglesia, que en Tabarca hay muchos. Cadáver que fue encontrado por Marisa y por mí. Que a nosotras nos gusta meternos donde no nos llaman y la policía nos retuvo un buen rato, parecíamos sospechosas. Fue divertido parecerlo. Desde entonces colaboro con la policía en resolver asesinatos, aunque últimamente no me dan mucha información y me mantienen al margen. No me importa, mi intuición de sabuesa me lleva a investigar allá donde voy con buen resultado, porque, no es por presumir, soy una investigadora de asesinatos excepcional aunque no entienda a la policía a veces, debe ser porque no tengo el título ese de detective. Igual me lo saco.
Lo primero que haré al llegar a Tabarca, será visitar al cura, que no sé si seguirá el mismo, para avisarle de que fui yo quien descubrió a su colega muerto aunque creo que me recordará por el revuelo que se originó en la isla nada más hacerse cargo él de la iglesia y así puedo estar atenta por si acaso.
Bueno ya os voy a dejar, en la próxima, os cuento todo que acontezca en Tabarca y más cosas.
Hasta pronto amigos.
Sigo con la vida y os voy contando.
FRASE DEL DÍA: LA VIDA SIN INVESTIGAR, NO MERECE SER VIVIDA.
Siempre nos dejas con la intriga… A ver a la próxima. 😂😂
El tejano se está haciendo de rogar. A ver si aparece en Tabarca junto con el cura y me pide matrimonio, jajjaajja