AXEL

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¡Menudo golpe me acabo de dar al caer de la nave!, no he calculado bien las coordenadas de la caída. Todavía no soy un experto en estos menesteres. Hacer un viaje tan largo desde Arturo, la estrella donde vivo, no es tarea fácil. Mi nombre es Axel y mis dos antenas me indican con ruidos desordenados que no sé dónde estoy y eso me preocupa. El mensaje que me han encomendado transmitir a los terrícolas me inquieta que se haya deteriorado por el golpe, aunque siento que me estoy recuperando. Noto a mis antenas que ya no se mueven y han cesado los ruidos ensordecedores, pero mi máquina descifradora no funciona, aunque sí está en perfecto estado el mensaje.

Me pongo en marcha. No sé dónde estoy y tengo que encontrar algún terrícola amigo que me lleve a ver a su jefe. Me han encargado que no le entregue el mensaje a nadie, salvo al jefe de los terrícolas.

A lo lejos diviso algunos objetos que se mueven, deben ser habitantes de este planeta. ¡Qué raros parecen! Andan a cuatro piernas, son grandes. Me acercaré más. Llego a la altura de uno de ellos  y espero que se ponga en contacto conmigo con algún gesto amigo, pero solo me mira con desgana y se mea allí mismo.  Me fijo un poco más y veo alrededor del terrícola unos animales negros muy pequeños y que vuelan alrededor de él. Estos terrícolas todavía mean por el campo y van acompañados de otros más pequeños que vuelan. No sé si entenderán nuestro mensaje, parecen muy poco desarrollados. Nosotros ya no meamos, ahora con el traje que llevamos está todo controlado y los deshechos los absorbe el mismo traje que luego convierte en energía.

El terrícola se gira hacia mí y mueve su cabeza emitiendo un sonido que no entiendo, muuuuuu, ¿qué querrá decirme? Intento devolverle el saludo con un gesto amigo inclinándome y enseñándole mis antenas que muevo con mis dos únicos dedos, varias veces, para que vea que son inofensivas, pero está claro que no me entiende. El terrícola parece sordo, aunque tiene unas grandes orejas que sobresalen por encima de su cabeza. La agacha hasta el suelo y come unas hierbas verdes moviendo una cola repleta de animales voladores. ¿Qué puedo hacer? Me pregunto.

Los otros animales negros vienen hacia mí, vuelan a mi alrededor, pero se van, intento ponerme en contacto con alguno de ellos con un leve saludo para no hacerles daño, pero se van emitiendo sonidos que tampoco puedo descifrar. Creo que si no arreglo mi descifradora no podré hacer mi trabajo. Por fin la he podido arreglar, se trataba de un cortocircuito al haberse partido el cable rojo y rozar el pistón de encendido.

Voy a intentar de nuevo el contacto, pero primero descifraré los sonidos de estos amigos. Muuuu, no viene en el diccionario galáctico, ni el de los animales negros tampoco. Les haré una foto a ver qué encuentra mi cámara intergaláctica. ¿Vacas y moscas?, no sé quiénes son, no me han informado en mis entrenamientos sobre ellas. ¿Pertenecerán a alguna especie en extinción en la Tierra? Mi diccionario me indica que son animales inofensivos, pero sin desarrollo mental, así que tengo que buscar a otros terrícolas.

Inicio la marcha caminando, desplazarme en la nave no me parece buena idea, la pueden ver y se acabó la misión, prefiero observarlo todo con detalle.

Después de caminar más de dos horas, creo ver a lo lejos otros objetos moviéndose rápido. ¿Estarán huyendo de algún peligro? Enciendo el botón de ignición y en un segundo me pongo a su lado, quiero ayudarles. Estos seres solo tienen dos piernas y dos brazos como yo, aunque son más bajitos, parecen pequeños, enseñan mucho sus dientes blancos emitiendo unos sonidos que me agradan y tienen entre sus pies una esfera a la que golpean tirándola unos contra otros. No veo claro que mi misión vaya a tener éxito son semejante especie.

Se han acercado a mí y han dejado de enseñarme los dientes y la esfera descansa en el suelo. Pongo en marcha mi descifradora y me comunico con ellos diciéndoles que nada tienen que temer, que soy Axel y vengo de una estrella muy lejana que se llama Arturo y que solo necesito que me lleven hasta su jefe para entregarle un mensaje de suma importancia. Dos de ellos me cogen cada uno de mis manos, caminamos y veo a lo lejos algo que parece una casa pero que sale humo de ella, así que no sé qué será. ¡Qué raros son estos humanos! Al llegar nos reciben otros seres más altos. A uno de ellos lo llaman papá. ¿Será el jefe? Les explico a través de mi descifradora mi misión.

Al que llaman mamá me mira con desconfianza, le hablo y se aparta más de mí. Debe creer que puedo hacerles daños.

El jefe se marcha hacia dentro y lo oigo hablar, pero no entiendo lo que dice, mi descifradora no emite la señal con claridad.

De repente uno de los bajitos viene corriendo y me estira del brazo para que lo siga, pero me niego y me suelto, estoy esperando que el jefe termine su conversación no sé con quién, para que podamos hablar tranquilos y comunicarle por fin mi misión.

El bajito insiste y se acerca para hablarle a mis antenas. Pongo en marcha la descifradora y me dice que debo irme, volver a mi casa pues el terrícola al que llaman papá, su padre, está hablando ¿con la policía? Y quieren llevarme y hacerme daño. No lo entiendo, ¿por qué? Le contesto, yo solo quiero ayudarles y para eso les debo entregar un mensaje. El bajito me implora, en ese momento sale el terrestre alto y me dice que pronto vendrá el gran jefe y que no me preocupe, pero noto en el semblante del bajito algo raro. Cuando nos quedamos a solas vuelve a insistir, dice que han llamado a los malos para que me hagan daño me dice. Me arrastra y me dejo arrastrar. Comprendo.

Salimos sin ser vistos, pulso mi botón de ignición, me toco la cara y noto como dos gotas de agua resbalan por mi mejilla, mientras me despido del bajito que también tiene la cara mojada. Llego a mi nave, desde donde parto de nuevo hacia mi estrella.

El mensaje no ha podido entregarse en esta ocasión.

Volveré.

MAR Andreu

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