Capítulo 20

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Hola, amigos:

De nuevo con vosotros para contaros las sorpresas que me he llevado al entrar a mi casa después de pasar el fin de semana en la isla de Tabarca. Pues sí, hemos estado celebrando una re-boda. La de mi hermano pequeño que hace seis años se casó allí y yo fui su madrina. ¡Como tenia que ser! Otro día os contaré las vivencias del fin de semana que también han sido sorprendentes y divertidas. Ufff.

Al volver, la Conga había hecho de las suyas, ella como sabéis, va por libre, se conecta y se desconecta cuando quiere y creo que se aburría y se ha puesto en marcha dejando por el suelo sus aspas repartidas y luego se va a su casa y no se carga porque no le da la gana. Se ha debido de enfadar porque la he dejado sola. No solamente hace lo que quiere ignorándome cuando le viene en gana, que encima se enfada cuando no me ve. No hay quien la entienda.

Como si presintiera mi malestar mi abogado Miguel me ha llamado para decirme que está estudiando el asunto de la Conga para ver si pudiera tener éxito una demanda contra la máquina. No se lo he pedido, ha sido él quien al leer mi queja anterior, ha optado por encargarse a sí mismo el asunto y comunicármelo. Ha hecho bien, ha adquirido muchos puntos con respecto a todas mis empresas. De seguir así, igual le nombro asesor principal de todas ellas. Y si todo va bien se puede convertir en el primer abogado en conseguir ganarle un pleito a una máquina y eso sería una revolución. Que no sería una máquina sino una multinacional la que lo comercializa. Y claro su nombre y proeza aparecerían en todos los medios y su reputación se dispararía. También es verdad que quizá algún despacho de los espabilados que pululan por doquier tenga apoyo financiero de la multinacional para oponerse a la demanda, defenderse, ganar o perder y recurrir cualquier resolución durante años. Bueno, no voy a adelantar acontecimientos ni a dar ideas al enemigo.

En cuanto a Pantaleón sigue en las alturas. Su familia, casualmente no ha venido. Come y bebe bien, duerme a pierna suelta con el colchón hinchable que le he dejado y ya que yo me tomo alguna copita de vino tinto del bueno, pues le llevo una copa todas las noches y le gusta…

Debo llevarme cuidado, las vecinas empiezan a murmurar a mi paso, y no entiendo por qué. Solo doy techo y comida al hambriento, deberían leer el evangelio más a menudo y no darse tantos golpes de pecho. Hablaré con Pantaleón para que me explique sin rodeos cuando se va a marchar.

Frase del día: SI PERMITES QUE OTROS TE ENFADEN, ENTONCES TE HABRÁN VENCIDO.

Sigo con la vida y os voy contando.

Hasta pronto, amigos.

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