Capítulo 25

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Hola, amigos:

Marisa está haciendo el camino de Santiago tranquilamente y yo estoy desesperada por comentarle el asunto del asesinato del cura de Tabarca. No paro de darle vueltas, como si algo no encajara, como si algo se me escapara. Y sigo pensando que no fue fortuito lo que le provocó el infarto. Porque por ejemplo: su maleta quedó preparada en su habitación varios días y ¿nadie había entrado para acondicionarla para otro cura o visita, ni siquiera su asistente? No me lo creo. Y otra cosa, ¿por qué había bajado al pasadizo de la iglesia?, ¿con qué objetivo?, si allí lo única que había era malos olores, agua estancada, y bichos correteando. ¿Había quedado con alguien a quien no podía ver a la luz del día…? Seguiré pensando hasta que Marisa se digne a volver para continuar con las pesquisas tabarquinas.

La Conga me tiene confundida, porque después de unas semanas limpiando sin rechistar y sin malas caras, ahora ya está haciendo cosas a la antigua. La pongo en marcha y se da la vuelta en plan chulesco y se vuelve a acomodar en su base, a recargarse, cuando está a tope de energía. Es verdad que las semanas en que se ha portado mejor, yo estaba con un esguince en el tobillo y no podía ni salir de casa y menos moverme como antes, ¿se le habrá ablandado el corazón?, pensaba yo. Y como apenas podía hacer nada me dedicaba a poner música y a leer en voz alta y se ve que me oía y le gustaban las historias que escuchaba. ¿Será eso?, ¿quiere que lea en voz alta? Lo voy a intentar a ver si así se comporta mejor.

Ha vuelto Pantaleón, dice que Benidorm ya no es lo que era, y que aquí está mejor. Se ha buscado una pensión porque ahora tiene dinero para pagarla. De momento Leo se queda, hasta que encuentre trabajo que espero sea pronto porque no es lo mismo hablar con él que con Panta y este último, le está ayudando a encontrarlo. Tener a Panta cerca me da tranquilidad, es como un compañero de piso. Espero que le encuentre trabajo a Leo y se marche y así si Panta quiere volver puede hacerlo, a mí me encantaría…
En cuanto a las vecinas empiezan a mirarme de soslayo y murmurar a mi paso. No les hago caso, se piensan que si no me doy por aludida es porque no me entero y así las hago felices.
Lo mejor es hacerse la tonta en determinadas situaciones, así no te salpican sus lenguas de trapo.

Frase del día: ¿DUDAS? O, SIMPLEMENTE, ¿ESTÁS CLAVADO AL SUELO?

Sigo con la vida y os voy contando.

Hasta pronto, amigos.

1 pensamiento en “Capítulo 25

  1. Qué de cosas te pasan… Tendré que mudarme cerca de tí para vivir todas esas experiencias. Mi Conga hoy se ha portado de maravilla.
    Besos de tinta y abrazos de peluche.

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