Capítulo 26

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Queridos amigos:

Desde hace un tiempo, viene a visitarme todos los días una bebé mariposa de tonos claros con los bordes ondulados en blanco, creo que siempre es la misma, porque tiene los mismos colores y el mismo tamaño de bebé de siempre, pero, me pregunto, acaso ¿no crece? Me visita posándose en una maceta exterior llena de geranios que veo y admiro desde mi pequeño salón. La observo revolotear a través del cristal. Al principio creía que era algún otro insecto pero cuando descubrí a la mariposa tan pequeña y preciosa me sentí elegida y privilegiada porque el Universo me permite disfrutar de esa belleza. No sé si significa algo aunque para mí es especial y ya forma parte de mi paisaje. Espero, de forma intranquila, su mensaje. ¿Tendrá alguno que darme?

También espero la vuelta de Pantaleón que sigue en la pensión, que paga con el dinero obtenido en su trabajo de Benidorm. Y espero que se venga pronto a las alturas de mi escalera porque eso significaría que Leo se tendría que marchar. Es que Leo no es igual, este no habla apenas, solo asiente con la cabeza cuando le llevo la cena y el vaso de vino nocturno. No entra en diálogos y nunca sabe nada, por no saber, no sabe ni qué hace aquí. Él pensaba tramitar inmediatamente la nacionalidad española y desde aquí volar a Estados Unidos. No es tan fácil conseguir ese trámite y no entiendo que haya venido desde Cuba a España si quería asentarse en Estados Unidos que le pillaba cerca de su isla. Dice que a Estados Unidos tenía que ir en patera y aquí ha llegado en avión como turista. Pero, ¿no es exiliado?, las pocas veces que habla se contradice. Le he explicado que primero tiene que estar en España 2 o 3 años de forma ilegal para poder acceder a solicitar una residencia, pero no lo entiende, así que he desistido.

¡Qué hago con la Conga! Pues he tenido otro percance, he pillado una bronquitis que me ha mantenido con fiebre, tos y cansancio en casa. Y ella, mi Conga, ha vuelto a trabajar con esa energía que se guarda para los malos momentos de mi vida. Esta vez no he podido leer en voz alta para que se distraiga, pues no podía apenas hablar sin toser. En fin, que nuevamente me confunde con sus tropelías. Y por otra parte, pienso que tengo a mi lado a «alguien» que cuando lo necesito me ayuda con su recargada energía y no me siento sola…

Hoy he dejado a Tabarca para el final. No sé qué hacer. He pensado contratar a un detective para que investigue si en la muerte del cura ha intervenido alguna circunstancia desconocida. Claro, los detectives cuestan dinero y a mí ni me va ni me viene si un señor cura al que no conocía ha muerto de una manera u otra, porque al fin y al cabo ya no se puede hacer nada, está muerto. Pero por otra parte me chirria las circunstancias que se originaron alrededor de su muerte. Y ahí estoy yo, preguntándome qué voy a hacer. Y encima Marisa no ha venido a ayudarme con la investigación, está correteando por los montes de aquí y de allá y en medio creo que trabaja.

Frase del día: EL ÉXITO, NO LLEGA MIENTRAS ESPERAS.

Sigo con la vida y os voy contando.

Hasta pronto, amigos,

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