Capítulo 18

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Hola, amigos:

Me encuentro en estos días recordando ciertas cosas de mi niñez, la ingenuidad, la inocencia y la esperanza que sentía cuando era niña. Nada malo en el horizonte, se abría ante mí un mundo feliz. A los siete años creía que lo era, recuerdo que tenia conversaciones con amigas de mi misma edad, y estábamos convencidas de que ya éramos mayores para empezar una vida emancipada y vivir solas en una casa porque lo sabíamos hacer todo y no necesitábamos a nuestros padres, sabíamos poner la mesa, hacer un bocadillo y hacer la cama. Fregar el suelo y lavar la ropa no debía ser tarea difícil. Todo era fácil, nos sentíamos mayores. Ahora que me estoy haciendo mayor, que tengo una nieta de nueve años que es quien más me mueve el corazón, quiero volver a ser una niña. Y pasar el resto de mi vida sintiéndolo, que es más importante que serlo y parecerlo.

Miro hacia atrás y… ¡cómo ha pasado el tiempo! ¡a qué velocidad!, si fue ayer cuando tenia siete años y correteaba por la calle saltando. Cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, siempre respondía lo mismo: Monja. Lo decía con tanta seguridad y naturalidad que quien preguntaba se quedaba con la boca abierta y yo salía a correr de nuevo. Y era verdad, quería ser monja, como las Madres Adoratrices, y dar clase a las niñas de siete años. Rezaba todos los días pidiéndole a Dios la Paz en el mundo y que acabara con el hambre en Biafra. Cuantos sueños, sueños de inocencia. Ese era mi mundo, el que me habían enseñado.

Debemos volver a ser niños. Los niños no están intoxicados con lo que a los mayores nos rodea. Ellos son inocentes y en su ingenuidad saben que pueden conseguir cualquier cosa. Lo que para nosotros suponen milagros, para ellos se convierten en acontecimientos naturales. Crecen y aprenden los miedos que tenemos los mayores, y entonces nos damos cuenta de que la hemos cagado. La verdad os hará libres, dicen, y ellos, los niños, son poseedores de esa verdad.

Creo que ya debo terminar con los recuerdos pasados y centrarme en el presente para que mi futuro sea extraordinario. Estoy volviendo a mí, aunque nunca me he ido, solo me ausentaba, no sabia donde estaba y me sentía perdida, pero encontré el camino de vuelta y aquí estoy de nuevo. Renovada y siendo y sintiéndome una niña. Ya no quiero tener miedo. Ya no tengo miedo.

Sigo con la vida y os voy contando.

Hasta pronto amigos,

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