Capítulo 23

Categorías Diario de una jubilada1 Comentario

Hola, amigos:

Como era de esperar el cadáver descubierto fue levantado dos días después por el forense venido desde Alicante, así nos dio tiempo a Marisa y a mí de indagar sobre el sacerdote. Ello supuso que frente a los empadronados del lugar y la policía resultáramos sospechosas. Muy sospechosas, sin pensar que solo nos había llevado a investigar durante dos días el aburrimiento y la curiosidad, pero claro, ¿eso quien se lo cree? Marisa no entendía que fuésemos sospechosas. Ella que solo había venido desde Madrid, donde reside, a una fiesta a la isla. ¿Qué casualidad? Una casi perfecta coartada, pero claro no contaban con nuestro aburrimiento a máximo nivel y quizá metimos un poco la pata.

–Espero que no crean que tenemos algo que ver, –comentó Marisa.
–¿Cómo puedes pensar eso?, . Nosotras no conocíamos al cura y además ¿qué interés podríamos tener para matarlo?–respondí sin mucha convicción en mis palabras.
–Pero callamos el descubrimiento del cadáver mientras indagábamos y eso es sospechoso, –mencionó Marisa.
–Sí, es verdad, no te preocupes se darán cuenta que somos inofensivas y descubrirán a los asesinos.

Fuimos interrogadas en la Commisaría de Alicante, a la que nos llevaron en un barco de la policía que resultó ser muy cómodo, rápido y con unos agentes muy atractivos, hasta el puerto de Santa Pola y de allí en un coche policial con sirena hasta Alicante que resultó super divertido ¡Qué bien lo pasamos! ¡Si no fuera por estos ratos!

Después de declarar ante la policía primero y después ante el Juez, nos dejaron en libertad, pero sin poder movernos de la ciudad por si nos necesitaban. ¿Para qué nos iban a necesitar? Éramos inocentes, solo habíamos omitido una muerte durante un par de días… Solo eso. Ninguna importancia, aunque pensaban que en ese tiempo podríamos haber hecho desaparecer las pruebas…, pero ¿qué pruebas?

El resultado de la autopsia fue esclarecedor. Había sido una muerte natural. El cura padecía del corazón y antes de marcharse había bajado por el pasadizo que recorre el subsuelo de la iglesia, aunque no se sabe por qué, podría ser quizá para despedirse, ó para otra cosa, quizá ¿para ver a alguien que no podía ver a la luz del día sobre el terreno? Eso ya nunca lo sabremos. Y tuvo un infarto que no fue atendido y los de la isla pensaron que se había marchado y su familia que se retrasaba algún día por algún tema de última hora. Y yo me pregunto que quizá algo o alguien le provocó ese infarto… porque su maleta se habría quedado en su habitación preparada para el viaje, y nadie se percató o comentó nada. En fin, esas cosas sí resultan sospechosas…

Y nosotras volvimos a nuestras rutinas, un poco decepcionadas porque allí no había nada que investigar de momento. Marisa volvió a Madrid y yo me fui a reunirme con mi Conga. Así son las cosas.

Mi Conga ha vuelto a hacer de las suyas, ella cree que no me doy cuenta porque lo va haciendo poco a poco. Yo que incluso había pensado en que podríamos arreglar nuestras diferencias y llegar a acuerdos viviendo en armonía y felicidad, al fin y al cabo estamos las dos solas y podríamos apoyarnos cuando lo necesitemos. Pero, qué equivocada estaba. Pues no va este maldito robot y cuando está barriendo al cabo de pocos minutos dejo de oírla, y a que ¿no sabéis donde se va? ¡A descansar!, ¡cuando está a tope de energía! La pongo en marcha enseguida y ocurre lo mismo. Le pregunto por qué lo hace, y mira hacia otro lado. ¡La muy arrogante! Ya estoy decidida, en pasar este mes de agosto, que ya los Juzgados se ponen en marcha, empezaré por ponerle una denuncia primero ante la Policía. Y os preguntaréis ¿qué puede hacer la policía ante semejante comportamiento? y lo entiendo pero es por asustarla mientras se pone en marcha la demanda contra su empresa, la que inventó el cacharro.

Pantaleón ha vuelto, no a dormir, pues todavía duerme en la playa al fresco de las olas. Ha venido a despedirse y a contarme que ha encontrado trabajo en Benidorm. Dice que por allí es más fácil. Debo reconocer que es así pero me da pena que se marche y me olvide. Me entretenía cuando estaba aquí en mis alturas. Conversábamos y comía y bebía muy bien y encima las vecinas murmuraban y me lo pasaba en grande. Me sentía que hacía un bien a la comunidad, aunque ellas opinaran lo contrario. Ahora lo echaré de menos y le he preguntado que si conocía a alguien que pudiera cubrir su puesto arriba y me ha dicho que lo va a mirar, quizá sí. Y eso me ha puesto muy contenta. Ahora que pronto vendrá el otoño es una tranquilidad pensar que no voy a estar de nuevo sola.

Frase del día: PUEDE QUE TUS PIES SE ENSUCIEN DE BARRO, PERO TUS MANOS NO SE ENSUCIARÁN AL INTENTAR ALCANZAR LAS ESTRELLAS.

Sigo con la vida y os voy contando.

1 pensamiento en “Capítulo 23

  1. Muy bueno, Manoli. Me encantan las dos «investigadoras». Creo que tendrías que retomar las y seguir contando sus aventuras. Me han divertido mucho. Un abrazo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.